Sueño o realidad, depende de nuestro corazón

Si mi vida pudiese pasar por el ojo de un aguja, si mis manos dejasen de temblar por la asociación estricta de lo que fue y lo que será, si en mi pensamiento dejase de fraguar aquella esquela que te busca incesantemente, en definitiva hoy serías un cadáver y yo no sería más que el polvo que se expande con la fuerza del viento.

Tu imagen nace en la edad de las emociones, de los pensamientos en caricaturas, de la transición de la niñez, del cambio hormonal, de los sueños húmedos, de la búsqueda y el interés en el incipiente complemento; naces en los brazos de Morfeo y te concretas y materializas en las confesiones de una conversación íntima entre una madre y su hijo, quien describe apasionadamente tu forma, tu cabello rizado, tu dulce trato, tu interés y preocupación extrema; te haces eterna en la retina de la memoria donde con apenas corta edad te siente y anhela poder encontrarte una vez más y vivir con la más dulce ternura ese hondo sentimiento.

¿Cuantos años han de pasar y poder sentir nuevamente aquel sentimiento puro?, pues sin temor a equivocarme ya son seis años y el recuerdo es tan vivo desde la última vez que el simple hecho de recordarlo hacen que mis ojos se llenen de lágrimas y que mi corazón se impaciente. En mi corta experiencia y mis relaciones furtivas y efímeras he tratado de encontrarte, el resultado ya lo sabes. Te he escrito muchas cartas, muchos poemas se han engendrado, muchas canciones me hablan de ti, muchos sitios se me confunden con tu morada y en cada sueño y cada noche sólo quiero encontrarte otra vez más.

Embriagado te he confundido.

Tu dulzura es tan intensa y clara, tan fuerte y especial que emites un aroma único, ambrosía de mi vida, lástima que esta vez el dios de los sueños te liberó por poco tiempo. No importa, sé que eres tú, pregúntale a la luna, verás que no miento.

Tres décadas llevo sobre mis hombros y son más de dos lustros desde que la luna increpó resentida cuando la hice cómplice de mis lúcidas preguntas. ¿dónde estás?, ¿ya naciste?, ¿te llegó la muerte y te perdí para siempre?. He desperdiciado mi cuerpo en tantos otros cuerpos tratando de endulzarme con tu perfume natural, de percibirlo entre sudores, gemidos y estruendos, el resultado ya lo sabes, sólo que para este tiempo muchos corazones se han marchitado y otras cuantas vidas se han trastocado, incluso yo mismo he dejado que la tinta ya no engendre versos en cualquier pedazo de papel y que se resequen mis labios al no emitir cada noche un beso con dirección hacia la luna esperando que triangulen contigo en cualquier parte de este mundo y del universo. Tan sobria, grave y excelsa te encontré esta vez, liberada por tercera ocasión en esta dimensión que me aprisiona, tu olor es el mismo, fragante y mordaz que se cuela en mi nariz y revienta la retina de mi memoria trasladando como en una máquina del tiempo a mis doce años de aquel inicial y eterno sueño. Hoy me atrevo a tocar tu mano y veo tus finos dedos, tan femenina, tan exacta como la predicción del tiempo, tan igual cómo cuando le hablé de ti a mi madre.

Sé que eres tú, la llama animada, el pensamiento discreto.

Te he llevado en mi cuello en una andana que se hizo parte mí y que la quitaré en el momento en que te fusiones en mi vida para siempre, cuando las preguntas no existan y que el tiempo y el espacio se reduzcan a tu corazón y el mío, que entre nosotros las palabras no sean necesarias.

Cuantas veces tendré que morir al escuchar el despertador, ya que cada noche emprendo la búsqueda insaciable en los terrenos de Morfeo con el único afán de volverte a sentir tan mía.

Ay... si mi vida pudiese pasar por el ojo de un aguja.


Darwin García

2 comentarios:

Conce Méndez dijo...

muy bonito, muy especial...

Angus dijo...

Tus letras son realmente excelentes. Me ha encantado leerte.

Publicar un comentario